EL REFORMATORIO DEL INFIERNO: LA MATERNIDAD DE PEÑA GRANDE

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Imagen de Peñagrande en 1959, publicada en la web de antiguas internas

El actual Instituto de Enseñanza Secundaria Isaac Newton tiene un pasado bastante desconocido para quienes vivimos alrededor de él. En la impactante jornada, a la que tuvimos la suerte de acudir el pasado 6 de marzo y que fue organizada por el propio centro educativo junto a otros colectivos del barrio, se reunieron, no sólo testigos indirectos de su historia, sino también protagonistas de los atroces hechos que escondieron sus mudas paredes, y que hoy han de denunciarse para que no se olviden jamás.

Peña grande, “el reformatorio del infierno” – Nuestra Srº de la Almudena (Actual Instituto de Enseñanza Secundaria Isaac Newton)

¿Sabías que entre los años 1955 y 1983 este centro fue una maternidad-reformatorio para madres solteras muy jóvenes, gestionada por monjas religiosas de la Orden Cruzadas Evangélicas, muchos de cuyos hijos les fueron obligadas bajo presiones de todo tipo a dar en adopción o desaparecieron?

Este centro pertenecía al Patronato de Protección a la Mujer, presidido por Carmen Polo de Franco y formaba parte de una red de “centros de internamiento” donde una menor a partir de los 16 años, podía ser encerrada hasta los 25 por fumar en la calle, llevar minifalda, participar en manifestaciones políticas, ser pobre, huérfana, estar abandonada o sufrir abusos y/o embarazos que se “tapaban” con el internamiento. Comenzó a operar de forma activa en 1955 y por este centro se calcula que pasaban anualmente unas 120 madres y niños, lo que al cabo de casi 30 años supuso unas 3.500 madres y bebés…

A este “semiclandestino y penitenciario” centro, eran llevadas por la fuerza muchas mujeres jóvenes que en la moral de la época y hasta 1983 inclusive cometieron el “delito” de ser madres solteras, mujeres consideradas “caídas o en riesgo de caer”. Allí, se las podía retener si estaban bajo custodia del Patronato, hasta los 25 años (a pesar de que la mayoría de edad eran ya los 21), dependiendo de los informes de las monjas, el que pudieran o no abandonar el centro antes de tiempo. Los niños podías estar hasta los 4 años. Muchos de los bebés eran después dados en adopción con el consentimiento de las madres. O sin él. En algunos casos, también podía haber mujeres internadas por sus propias familias de diversas provincias, “avergonzadas” y que pagaban para ocultar lo que realmente ocurría a sus hijas…
Esta orden religiosa sigue existiendo y en la actualidad también se ocupa de algunos centros de Menores dependientes de las Comunidades Autónomas…

Desde la muerte del dictador en 1975 y hasta 1983, “España estaba ocupada en su transición e ignoró por completo a las menores encerradas, ajenas a una realidad oculta bajo los muros de su propia vergüenza”. De esta manera arranca Las desterradas hijas de Eva, una obra que la escritora catalana Consuelo García del Cid juró escribir cuando se despidió de todas sus compañeras de destierro en el patio del reformatorio de Las Adoratrices, en el que estuvo encerrada durante dos años. Una promesa de la autora que hoy es una realidad que quiere que ser difunda.

En 1983, por fin se fueron cerrando algunos centros y traspasando las funciones y expedientes del “Patronato” al Ministerio de Justicia y a las Comunidades Autónomas. En Galicia, el encargado de dicho traspaso y quien lo firmó, fue un tal Mariano Rajoy (PP)… y en la Comunidad de Madrid, un tal Joaquín Leguina (PSOE)… Ninguno de los dos al parecer, quiso “levantar las alfombras” e investigar lo sucedido en dichos centro semi-clandestinos…

Los reformatorios de mujeres fueron cárceles ocultas y legales en manos de religiosas”. Especialmente salvajes fueron el reformatorio de San Fernando y la Maternidad de la Almudena Peña Grande, gestionados por las Cruzadas Evangélicas (congregación que a día de hoy en 2017 sigue gestionando centros para madres solteras, residencias de ancianos y colegios en algunas Comunidades). Peña Grande era un reformatorio para madres solteras. Estas fanáticas religiosas consideraban el parto como una continuación del pecado, por lo que ponían todo su empeño en hacer que fuera lo más doloroso y traumático posible. Existen multitud de testimonios de que en pleno dolores de parto es cuando se obligaba a muchas madres a firmar los papeles para adopción…

A muchas de estas jóvenes les robaron a sus hijos, vendidos a parejas pudientes. Estos reformatorios surtían al entramado de compra venta de bebés del que formaba parte gentuza como Sor María y el doctor Vela. “Al centro, de vez en cuando venían parejas a ver a los niños, como si se tratara de un supermercado. También se hacía desfilar a las internas frente a varones pretendientes, para que éstos eligieran esposa. Otras terminaron en burdeles llevadas allí por policías que prometían que iban a ayudarlas a fugarse del reformatorio. Un entramado miserable, vil y corrupto, como la moral nacional católica de sus impulsores”.

Los reformatorios están camuflados bajo la apariencia de sanatorios, colegios o conventos a cargo de órdenes religiosas. Adoratrices, Oblatas, la Orden del Buen Pastor, Capuchinas y Cruzadas Evangélicas están al mando. Durante la reeducación de las chicas, los padres pierden la patria potestad. De este modo, pueden permanecer en los centros de los dieciséis a los veinticinco años (la mayoría de edad legal del momento se sitúa en los veintiuno). Durante esta etapa se les priva de toda libertad. Se censura su correspondencia y se limitan sus llamadas de teléfono o visitas. Su actividad principal tendrá lugar en los talleres de trabajo. Cursillos de secretariado para las más afortunadas; doblar pañuelos durante horas sin recibir nada a cambio para otras. De aquí salen los ajuares de boda bordados “por las monjitas”. Todo intercalado con continuos ejercicios religiosos, agresiones físicas y, en no pocos casos, crisis de ansiedad e intentos de suicidio. A algunas reclusas se les ofrece realizar una formación de nueve meses para convertirse en auxiliares de clínica y puericultura. Esta formación, al margen de las tres horas de clase diarias de los internados, es supervisada por el doctor Eduardo Vega Vela, y las prácticas tienen lugar en la clínica San Ramón, protagonista y escenario de la trama de los llamados Niños Robados.

Y muchas madres no ha olvidado el tristemente famoso “botiquín”, donde llevaban a los bebés enfermos. “Algunos nunca volvían a bajar. Recuerdan que a las madres les decían que habían muerto, pero se rumoreaba que se los llevaban familias en adopción. Era el lugar más tétrico de Peñagrande. Se trata de un pasillo que, según cuentan las chicas que allí estuvieron, era algo más. Un escaparate de bebés donde los padres adoptivos podían elegir el niño que más les gustase… El título del libro, Las desterradas hijas de Eva, es muy metafórico. ¿Por qué desterradas? (se le pregunta a la autora).

“Porque lo que vivimos muchas jóvenes, ahora ya mujeres, fue un destierro. La labor de estos centros era la de apartar a las menores de su entorno, arrancarlas de su casa y aislarlas del mundo. Y de Eva, porque Eva era un nombre mal visto en la época franquista y yo recordé entonces una frase de la Salve que es: “A ti clamamos…las desterradas hijas de Eva”. Es que además no solamente era el encierro de las menores en los reformatorios, sino que la que no se adecuaba a las normas terminaba en un manicomio y se le tachaba de enferma mental, cuando no lo estaban, en Ciempozuelos. Y justamente este psiquiátrico de Ciempozuelos tenía un ala que la llamaban la de las “patronatas”. Jóvenes que entraban ahí sin un diagnóstico claro y que estaban encerradas”.

¿La transición llegó tarde para las mujeres?

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Javier Valenzuela, El País, 1983.

“La transición llegó mucho más tarde para las jóvenes encerradas. Yo misma viví la muerte encerrada en un centro. Como también lo hicieron decenas de miles de adolescentes y no tan adolescentes ya que la mayoría de edad se fijaba en estos centros a los 25 y no los 21 establecidos en la época. Para ellos no pasaba nada, ese régimen casi carcelario permaneció hasta el 84, cuando Franco ya estaba bien muerto y enterrado. La gran mayoría no tenía ni idea de la existencia de éstos centros ni de lo que sucedía en ellos, por eso me metí yo, porque lo conocí desde dentro y me juré que lo haría. Cuando vives algo desde dentro entras en otra realidad. Fue una forma de sistema penitenciario oculto y legal que estaba en manos de órdenes religiosas y que dependía directamente del Patronato de la Mujer, institución que dependía a su vez del ministerio de Justicia. Existía todo un aparato con un claro objetivo adoctrinante. Sin duda, la transición llegó tarde para las desterradas a cargo del Patronato.

(Javier Valenzuela, El País, 1983).


La retirada del reformatorio de San Fernando de las Cruzadas Evangélicas fue acompañada de idéntica medida en el colegio de Nuestra Señora de la Almudena, en el madrileño barrio de Peña Grande, con lo que este instituto ya no tiene ninguna responsabilidad en los centros dependientes del Consejo Superior. En Peña Grande había internadas unas 120 menores, embarazadas o madres solteras, y 100 niños. Algunas de las internas llevaban allí seis años, atendidas por una docena de miembros de las Cruzadas.Con la partida de las Cruzadas de Peña Grande, el Consejo ha adoptado asimismo una política de vaciar el centro, cuyas condiciones han sido calificadas de sórdidas. 20 chicas han salido del mismo para ser atendidas por sus familias y a otras 50 se les han buscado residencias alternativas. En las próximas semanas, otras 20 internas serán trasladadas a un nuevo centro situado en la calle de Arturo Soria. El objetivo del Consejo en relación a Peña Grande es eliminarlo a medio plazo”.

Las menores pertenecían al Patronato de Protección a la Mujer, y eran entregadas por sus familias, que renunciaban a la Patria Potestad. Una cortina de humo, pasada y posada desde el principio, mantuvo encerradas contra su voluntad a miles de menores embarazadas, que vivían su estado como la mayor de las verguenzas. ¿Cómo es posible que continuara funcionando hasta el año 83? Los hechos reales permanecen mudos. Forman parte de la historia negra de España y el destino de sus menores, las consideradas “rebeldes, díscolas y pecaminosas”. Al parecer, carece de importancia lo sucedido en esos muros, como en tantos conventos que funcionaron a modo de correccionales encubiertos durante la dictadura.

La escritora catalana Consuelo García del Cid publica ‘Las desterradas hijas de Eva’, una obra en la que la narra el cruel destierro que sufrieron muchas menores consideradas “caídas o en riesgo de caer” durante el franquismo y la transición.

La presidenta de la asociación SOS Niños Robados de Madrid, Soledad Monzón, denunció el miércoles durante una concentración de madres en la plaza de Jacinto Benavente el carpetazo judicial a la mitad del centenar de denuncias que hasta el momento han presentado sólo en Madrid. Monzón estima que entre 1950 y 1980 se habrían producido “más de 200.000 robos y desapariciones de bebés” en las maternidades de toda España.

Al parecer, no basta con acreditar que estas mujeres alumbraron a sus hijos, que nunca vieron a sus bebés, que les notificaron verbalmente que habían muerto y que no figuran registrados en cementerio alguno, pues aunque no hayan sido dados de alta en el registro civil, en los libros de defunción y en los registros de los cementerios han de figurar, al menos, como hijos de las gestantes. La asociación exige a la Fiscalía que “deje de archivar las demandas” y estimule con su investigación la acción de la justicia.

Contra el olvido y la impunidad. Hagamos memoria.

 

6 comentarios sobre “EL REFORMATORIO DEL INFIERNO: LA MATERNIDAD DE PEÑA GRANDE

  1. Fuí una de Las Mujeres que vivió en “En Centro NTRA SRA DE LA ALMUDENA” de Peñagrande, entre los años 1981-83. Fui de las que luchamos por su cierre. Porque se habla de su cierre, y de acciones de la Administracción -ya socialista-, como si las propias mujeres, no hubiésemos sido las protagonistas de los hechos que acaecieron. Fuímos nosotras mismas, las que nos organizamos para denunciar las condiciones del centro, y las que obligamos a la administración socialista a actuar.
    Incluso, un grupo de nosotras, nos sentamos en la valla del centro, un día que lo visitaba TVE -para contar lo bien que estábamos allí-, y el nuevo responsable del Tribunal Tutelar de Menores -Enrique Miret Magdalena-. Forzamos una entrevista con El. Nuestra Lucha, aún está silenciada por La Administración Y los Medios. Fuímos amenazadas, golpeadas, etc.
    Todas las mujeres que estábamos allí, no éramos menores, ni estábamos obligadas a estar allí. Algunas entramos voluntariamente porque carecíamos de recursos económicos para llevar adelante nuestro embarazo sin riesgo para nuestros hijos. Entonces, Embarazada, te despedían del trabajo, y te quedabas en la calle. Fue mi caso. Ya tenía 21 años, y entré libremente en el centro. Y me fuí, poco antes que lo cerraran, después de luchar por mejorar la vida y la dignidad de las mujeres que estaban allí. Muy orgullosa de nuestra resistencia y dignidad de aquellos años tan negros y grises del país, que tristemente, parecen que se empeñan en permanecer.
    La Memoria, es la clave de los cambios sociales.

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  2. yo soy el niño que sostiene en brazos la monja y yo tengo esas dos fotografias.porque creo que esas fotografias las envie yo ace algun tiempo, y me alegro de que se hayan publicado

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  3. Mi madre estuvo en peñagrande desdes 1964 hasta 1969.le gustaría saber de sus compañeras, estuvo con la monja María piña y Josefa loro que llevaba el taller de las alfombras.mi madre tenia 14 años.Un saludo

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    1. Hola María Jesús, yo nací en este lugar y conocí a la monja María Piña. Tengo pocos recuerdos vagos pero muy intensos. Estuvimos allí hasta entre 1965, cuando yo nací y 1969 aproximadamente. Apenas he hablado de aquella época con mi madre, no porque recuerde mal la estancia, sino porque creo que toda su vida ha sido un estigma el haber tenido una hija de soltera, pero la muy valiente tiró para adelante como una jabata. Yo siempre he recordado a la Madre Piña como una persona agradable, tierna y cariñosa. Recuerdo que años después fuimos a Pozuelo de Alarcón (creo que era aquí) a visitarla y ya no vivía, pero igualmente había dejado muy buen recuero.
      Muchas, muchas veces me viene a la mente pasajes de aquellos momentos y siempre son agradables, por eso, cuando leo lo que sucedió con otros niños y madres me espanto; no se si se trata de años posteriores, porque o en los años 60′ también se daban esas prácticas de robar niños a sus madres. Es algo que se me escapa.
      No obstante, decirte que yo tengo muy buenos flases de de recuerdos.

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